En aquella 6ta división del año 69 que dirigía Luis Morales, jugaba con el "Pelado" Sueldo con quien compartía también el Liceo...lo recuerdo con mucho cariño. Falleció durante la pandemia de Covid...
El Pelado recibió su mote en el Athletic al
que llegó dos años antes de empezar el Liceo. Un enero, jugando como lo que
éramos, niños de 10 u 11 años...ignorantes de riesgos y advertencias de
nuestros mayores, corríamos jugando al "viejo" en y alrededor de la
pileta… en un resbalón se abrió un buen tajo en la cabeza; lo llevaron a
suturar para lo cual lo pelaron y allí le quedaron la cicatriz y el sobrenombre
tatuados.
En aquel tiempo empezó nuestra amistad que hoy
repaso entre imágenes vagas y medias luces.
La vida del Pelado se puede "armar"
como un collage con textos de Mark Twain, de Charles Dickens y de Hermann
Hesse…un niño que aprendió a caminar por la vida con el dolor en un bolsillo...
Desde su cama de hospital, con goteo de drogas
quimioterapéuticas, la cámara del celular nos concede el privilegio de vernos y
así vamos armando momentos de un tiempo huidizo entre el rugby y el Liceo… de a
dos parece un juego de piezas sueltas, un puzzle vital y vuelvo a comprobar su
maestría en convivir con el dolor, a no exhibirlo siquiera hoy, sin más que una
sola posición en su cama para evitar la molestia que le provoca el tumor.
Los que alguna vez nos aventuramos en la
Fotografía y en especial en blanco y negro, aprendimos que es la luz del
amanecer y la del crepúsculo las que le confieren dramatismo al retrato… es así
que puedo interpretar a mi amigo y su vida… no lo vi en el mediodía de su
vida...en los años de construcción y de lucha que para él fueron los años de
arraigar y fructificar con Elisa en Formosa...Compartí con él ese tiempo en el
cual no nos deteníamos a pensar demasiado y veíamos la vida como una inmensa
caja llena de promesas y sueños agradables a los que muchos, se sabe, jamás
llegan a realizar.
Su situación familiar no era acogedora y eso
me aclaró el porqué de su condición de "privado de toda" durante 4to
año.
Por estos, los últimos días de su vida me dio
su última lección de mansa fortaleza… en un momento en el que ya no es difícil
intuir el final propio. Es la primera vez que me toca recorrer ese camino de
acompañar y queda indeleble en mi memoria como un ejemplo de dignidad y
entereza.
Por un buen tiempo te voy a extrañar y mucho,
querido amigo pero el reencuentro, allá, en la dimensión que vio Colton Burpo y
que describió Marta Robin… será hermoso y sin fin.
07 de febrero de 2021
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