Buscaba un formato para poner en palabras una lista de profundos agradecimientos por lo vivido en el Athletic y se me ocurrió que el que utilizó el mismo JLB, era una buena forma de agradecer al CAC y también rendir un homenaje al sabio ciego y su bellísimo Otro Poema de los Dones...
Borges y el Athletic (Por Gustavo Oviedo)
Cuando el Sabio Omnisciente
se casó con María Kodama, una caterva de pseudo comunicadores se detuvo en
especulaciones ridículas acerca de la sexualidad de un anciano, sin darse
cuenta de que, con ese gesto, magnificaban el abismo intelectual entre aquél y
ellos mismos. Borges se casó con María Kodama porque ella era la única
merecedora heredera y a la vez capaz de preservar y administrar tremenda obra
compuesta de palabras. Él se había citado con la muerte en un barrio de la
ciudad vieja de Ginebra, donde había vivido años de infancia y en donde había
despertado al arte de
Yo lo admiré tanto
que su “Otro Poema de los dones” se transformó en vehículo ineludible en el
cual agrupar la mayor parte de mis recuerdos, especialmente a la hora de
agradecer por ellos. Es precisamente por ese motivo por el cual fui a visitarlo
poco antes de su despedida. Además de su compañera y esposa lo acompañaba una
enfermera de día, la cual le leía en Francés y una enfermera de noche que era
su lectora en Alemán, lengua que él aprendió por sus propios medios con la
férrea determinación de leer a Schoppenhauer. Me contó por los matices y
texturas por los que lo hizo viajar la ceguera, ironizó con agudeza cuando le
pregunté acerca del valor del éxito y confesó que esperaba la visita de un
pastor protestante y de un sacerdote católico, al día siguiente.
-“Maestro”-, le
dije, en mi breve visita, “vengo sólo a pedirle me autorice un vulgar plagio de
su memorable creación; tengo tanto que agradecerle al Cordoba Athletic que no
puedo hacerlo sino en el formato musical y bello de su Otro Poema…”
Con su voz trémula
que parecía robarle su exigua energía, me respondió: “diga usted, joven”, y con
una mezcla de timidez, admiración y vergüenza, leí:
“Gracias quiero
dar al Hacedor del Espacio y del Tiempo,
Por el Cordoba Athletic, entrevero de realidades y
sueños,
Por Boris
Schlaiffer y su sabiduría inmanente,
Por el deporte que
nació de una ocurrencia en la pequeña localidad de Rugby y recaló en Mi Club,
traído por sus paisanos,
Por el Hockey, que
Inglaterra conoció en
Por el Miguel y el
Pipo que unieron dos Clubes grandes con gestos pequeños,
Por el Tío Díaz
que se vestía de etiqueta para las mesas de Tute,
Por los Ingenieros
Bello y Giordano que verificaban el alba, cada mañana de enero en la pileta
rodeada de pinos,
Por Don Mario que
regaba las canchas de Tennis con la misma expresión con la que hablaba a su
madre,
Por Julito Vitar
que continúa arrojando al line con propósito encomiable,
Por el cuerpo
técnico que formaron Boris, Laurino y el
Corto,
Por un domingo de
octubre de 1974 en el que Tati Carcur cabalgó la gloria,
Por el atardecer
de ese mismo día y la prolongada fiesta de Familia.
Por el Tano
Orestes, que aquel año colgó los botines pero jamás se sacó la camiseta y se
quedó,
Por las fotos de
Fernando Galíndez que me figuraron a Ansel Adams con su millón de matices de
gris.
Por los audiovisuales
que el mismo Fernando transformaba en Fiesta al final de cada año,
Por la mesa de
Loba, inmaterial y perpetua, en la puerta del salón que la muchedumbre atraviesa,
cada fin de semana, sin enterarse.
Por
Por Don Pupi, que
compró un silbato para anunciarse en esa misma mesa,
Por la bandeja del
Pupi que acaso Damocles imaginó con forma de espada
Por el Ajke que la
utilizó como arma de intimidación y espanto,
Por Wolo, inocente
y enigmático, que sigue ejecutando su melodía sin fin,
Por Doña Elvira
que prodigaba amor entre hornallas y mamaderas,
Por Luis Morales
que con una sanción continúa educándome,
Por los chorros de
la pileta grande que fascinaron mi infancia y acariciaron las espaldas de mis
Viejos…
Por los hermanos
verdes de Tilcara que construyeron un largo túnel bajo dos ríos, entre Sauce
Montrul y Jardín Espinosa,
Por un tackle
francés del Bichi Ayala, en la cancha que usaba un tranvía de vestuario,
Por el Mere,
jugador de Rugby, amigo y alfarero del Hockey Rojinegro,
Por las promesas
de Lucas Maldonado y Martín Bastos,
Por la sonrisa de Inés
Pacheco y de Carlos Boero
Por la bonhomía de
Cacho Martínez y su humor amable,
Por la mirada de
Eloísa que refleja el Tiempo,
Por las lágrimas
de risa del Flaco Briñón en las mesas de Truco con mi Viejo,
Por Pierre Guillot
y Carlos Risler que nunca ganarían al mismo porque no sabían mentir,
Por el Mili Alonso
y el Pin Calou que iniciaron Sus Viajes desde el Club,
Por la fragancia
que exhala el placard del Viejo López,
Por los Eucaliptos
que se llevaron mis juegos y dejaron una burbuja de silencio,
Por el tobogán verde
de madera, mi primera cima alcanzada,
Por Julio Sosa que
hacía llegar su voz hasta la cancha de Rugby,
Por Arthur Talbot
Wright que, junto a Seaton mantuvieron
vivo el espíritu del Tennis entre Plaza Jewell y el Cordoba Athletic.
Por Jack Cassidy
que me hizo intuir la introspección,
Por Cleto que se
confundía con su sombra, sobre baldosas blancas y negras,
Por la pileta
chica que en el borde tenía, inexorable, la mano de
Por la pileta
grande que recorrí, primero, tomado de los hombros de mi Viejo,
Por la pequeña Natación que inicié con Raúl Loyola y
Tersa Salces y completé con “El Boris”,
Por la verdadera
Natación que le dio al Athletic deportistas olímpicos y de brillo
internacional,
Por mis años de
Rugby infantil con educadores despojados de ambición y brillo,
Por un
entrenamiento devenido en construcción de barriletes,
Por los torneos de
Seven, que transformaban al Club en una Primavera de camisetas,
Por el triángulo
de pinos, que fue un club dentro de nuestro Club,
Por el viejo quincho
desprovisto de paredes y habitado por espíritus,
Y por los
innumerables dones que recibí de mayores a quienes no conocí pero que
construyeron el Athletic con determinación y decencia…”
Quedó un espacio
de silencio en el aire…
Borges continuaba
con las manos sobre su bastón y su cabeza gacha como dormido.
Levantó su rostro
con esfuerzo y dijo: “No es un plagio, joven, es apenas un gesto de reconocimiento
de lo bueno que usted percibió de ese instante fugaz, fragmento de Eternidad, a
través de la cual fluimos con mínima consciencia de lo Verdadero”.
Me despedí con
gestos pausados y cuidados, intentando no generar quiebres de ese momento
singular y memorable.
Pocos días
después, cuando atardecía el sábado 14 de junio de 1986, Borges voló hacia la
otra dimensión, esa que le haría legible el enigma del mensaje encriptado en
manchas sobre la piel del tigre, transitables los laberintos y tangibles los
mundos que existen tras los espejos.
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