Desde mis primeros recuerdos en el Athletic, está Boris con su sabiduría, humildad y respeto... En todas las disciplinas deportivas Boris te iluminaba... y podías hablar con él por días enteros sin fatigarte. Este es un pequeño homenaje a una gran persona que me enseñó del Deporte y de la Vida. Gracias Profe!

Boris Schlaiffer 

 

Para comprender al Athletic y para ser del Athletic tenés que aproximarte e intentar descifrar la naturaleza e intuir la dimensión de la figura de Boris. Esto te puede llevar toda la vida pero, no dudo, te mantendrá en un camino luminoso.

Cuando le preguntaron a Giuseppe Verdi (Director de orquesta y compositor italiano, creador del género de la Overtura) cómo se debía interpretar la Cuarta Sinfonía de Beethoven, él respondió que para eso se debe leer La Tempestad de Shakespeare…Bueno, para comprender a Boris necesitarías leer Los Gauchos Judíos de Alberto Gerchunoff, La Guerra y la Paz de Tolstoi, el Talmud y, por qué no?, las Bienaventuranzas de Jesús.

Boris nació del amor entreverado de fatiga y nostalgia en una nueva tierra prometida y verde, muy lejos del frío y las raíces. Entre Ríos lo vio crecer y jugar en una naturaleza exuberante de exigencias y esperanzas, con tantas estrecheces como promesas y con una madre celosa, custodia y compañera. Construyó jugando y se soñó construyendo, no sobre tierra ni sobre el agua sino en lo más hondo de las personas. Él viajaba por su universo interior y cavilaba en compañía del mate amargo mientras urdía su obra en el alma humana. Cuando se vino a Córdoba, sorprendió perdiendo peso y hubo que buscar largo hasta comprobar que se olvidaba de almorzar porque no escuchaba el canto puntual del Chajá. Su más alta formación provino de la Universidad del río y su maestría la “Kinesis” de sus criaturas, estas le dieron la sapiencia definitiva como horizonte de trabajo. Sus aves y sus peces lo asombraban; escrutaba sus movimientos rítmicos y eficientes, adornados de música y geometría.

Boris encontró en el Athletic la atmósfera justa para dar sus mejores frutos y no hay nada en el Club que no permanezca alumbrado por su genio. En él se plasmaron y fundieron sueños de sus paisanos Januz Korczac y Martin Buber; mas en temas materiales lo consulta a Diógenes de Sínope, de quién aprendió que el insulto deshonra más al que lo infiere que al que lo recibe. Él tiene claro y te lo aclara, cómo debe ser cada movimiento, lo actúa lento y expresivo y lo acompaña de una explicación grave y pausada, te lo entrega en gestos mínimos que desbordan de cariño, al que sólo intuís después de horas y termos en su compañía. Cuando entrecierra su ojo izquierdo, levanta la ceja derecha, extiende los dedos de su mano y rota su muñeca en forma lenta… preparate para escuchar una sentencia que te acompañará, seguro, hasta el final de tus días…

Cuando voy al Club lo busco en aquel su rincón de sombra amable, allí donde él imagina su río en un horizonte de azules y verdes…ojalá hoy lo encuentre, porque ahí sí, yo sé… se produce el milagro de la sabiduría sencilla y del recreo en el alma.

 


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